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Argntina - Analisis

Ganadores y perdedores en la economía de 2019

Vaca Muerta: El shale gas tiene destino de exportación y es la gran apuesta del Gobierno.

Por: Lorenzo Sigaut Gravina - El Clarín

La recuperación económica de 2017 (el PBI trepó casi 3%) impulsó la expansión de la mayoría de las actividades productivas. En cambio, el año pasado la crisis cambiaria produjo una intensa recesión (con una baja del PBI del 2%, por lo menos) que afectó a la mayor parte de los sectores productivos. En ambos años hubo excepciones, pero la regla fue expansión en 2017 y contracción en 2018.

 

La perspectiva de actividad para 2019 depende en mayor medida de la estabilización económica. Si se afianza la calma cambiaria, la inflación tenderá a desacelerarse y la actividad a recuperarse (más de 3% entre puntas). Vale aclarar igualmente que, producto del elevado arrastre estadístico negativo que dejó 2018, este año el PBI promediaría una caída en torno al 1%.

 

En este escenario, la performance sectorial será heterogénea, con ganadores y perdedores. Entre los primeros se encuentran las actividades transables, es decir aquellas que se comercializan internacionalmente. La mejora del tipo de cambio real alienta las exportaciones (pese al aumento de las retenciones) y la sustitución de importaciones. Esto impulsará las actividades primarias, las extractivas (minería y energía), las ramas industriales que exportan o compiten contra importaciones, el turismo local y los servicios exportables basados en el conocimiento (informática, contables, publicidad, empresariales, entre otros).

 

Un párrafo aparte merece la agroindustria: gracias a mejores condiciones climáticas y buenos precios internacionales (desde una perspectiva histórica), se recuperaría del duro golpe que asestó la sequía a la cosecha de maíz y soja. La mejora del campo traccionará las actividades conexas: maquinaria agrícola, transporte de cargas, agroquímicos y servicios asociados. Incluso, si se produce la cosecha récord que el Gobierno ansía, el interior del país y el fisco se verán beneficiados por los mayores ingresos de los productores.

 

Dentro de estos ganadores hay nichos específicos que la administración Macri viene impulsando desde el inicio de su gestión. Entre ellos destacan el shale oil y el shale gas (Vaca Muerta), energías renovables y la explotación de litio.

 

Lamentablemente, el ambicioso plan de infraestructura de Cambiemos descarriló en 2018. El fuerte ajuste fiscal y los problemas financieros del sector público nacional (reflejados en un riesgo país superando los 800 puntos básicos) llevaron a un desplome de la obra pública y la caída de diversos proyectos bajo el régimen de Participación Pública Privada (PPP) por falta de financiamiento.

 

Asimismo, no se prevé una recuperación en aquellas actividades ligadas a la demanda interna. En un proceso de ajuste de las cuentas externas y fiscales, con una política monetaria muy contractiva (tasa de interés real anual superior al dígito), esperamos anemia en el consumo y contracción en la inversión.

Dentro de los sectores perdedores de 2019 destacan el comercio, la producción de bienes durables (excepto maquinaria agrícola y la industria automotriz), el rubro textil e indumentaria, la industria farmacéutica y la construcción (con sus actividades conexas).

 

Este último sector merece un párrafo aparte. A priori, el desarrollo de nuevos emprendimientos podría beneficiarse del salto cambiario: el costo de construir en dólares se redujo considerablemente mientras que los precios de los inmuebles en moneda dura apenas bajaron pese al parate de la actividad inmobiliaria. Sin embargo, el costo del financiamiento se disparó y la adquisición de inmuebles colapsó por la fuerte caída de los salarios en dólares y el derrumbe de los préstamos hipotecarios. Por otro lado, los alquileres en dólares se contrajeron perdiendo atractivo para el inversor inmobiliario.

 

En el medio de estas dos realidades opuestas se encuentran diversos sectores productivos que dependen de la evolución del mercado interno y de la demanda externa. Entre ellos destacan: las economías regionales, el complejo automotor, la industria química y el resto de la industria alimenticia.

 

Cabe destacar que la performance de estas actividades será heterogénea a nivel de firmas. Aquellas que hayan desarrollado una estrategia exportadora podrán aprovechar mejor la coyuntura. En cambio, las que concentren sus ventas en el mercado local padecerán la anemia de la demanda interna. Este driver afectará las perspectivas de los servicios públicos y de la mayoría de los servicios privados.

 

Por último, pero no por ello menos importante, cabe destacar que la performance sectorial se resentiría si se reavivan las presiones cambiarias. La probabilidad de que esto suceda no es despreciable: el riesgo país y las elecciones presidenciales son factores que atentan contra la es estabilidad cambiaria en 2019.